Basilisco


Este achaparrado monstruo reptiliano posee ocho patas, espinas óseas en el lomo dispuestas en fila, y unos ojos que brillan con un fuego verde pálido.

VD

 

5

PX

 

1,600

Alineamiento, tamaño y tipo

 

Iniciativa y Sentidos

 

Iniciativa: -1.

Sentidos: Visión en la oscuridad 60 pies (18 m), Visión en la penumbra.

Percepción: +10.

Defensa

 

CA

 

17, toque 9, desprevenido 17 (-1 Des, +8 natural).

Pg

 

52 (7d10+14).

Salvaciones

 

Fortaleza

 

+9

Reflejos

 

+4

Voluntad

 

+5

Ataque

 

Velocidad

 

20 pies (6 m).

Cuerpo a cuerpo

 

Mordisco +10 (1d8+4).

Ataques especiales

 

Estadísticas

 

Características

 

Fue

 

16

Des

 

8

Con

 

15

Int

 

2

Sab

 

13

Car

 

11

Ataque base

 

+7

BMC

 

+10

DMC

 

19 (31 contra derribo)

Dotes

 

Habilidades

 

Ecología

 

Entorno

 

Cualquiera.

Organización

 

Solitario, pareja o colonia (3-6).

Tesoro

 

Casual.

Aptitudes especiales

 

Mirada (Ex)

[PZO1112]

Convertir en piedra permanentemente (como De la carne a la piedra), alcance 30 pies (9 m), salvación de Fortaleza CD 15 niega. Una criatura petrificada de esta manera que sea cubierta (no sólo salpicada) con sangre fresca de basilisco (tomada de uno que no lleve muerto más de 1 hora) retorna instantáneamente a la carne. Un sólo basilisco contiene suficiente sangre para cubrir a 1d3 criaturas Medianas. La CD de la salvación se basa en la Constitución.


El basilisco, denominado muchas veces ‘Rey de las serpientes’, de hecho no es una serpiente, sino un reptil de ocho patas con una repugnante tendencia y capacidad de convertir a las criaturas en piedra con su mirada. El folclore mantiene que, muy similar a la cocatriz, los primeros basiliscos surgieron de huevos puestos por serpientes e incubados por gallos, pero su fisiología se presta poco a darle crédito.

Los basiliscos viven en casi cualquier ambiente terrestre, desde el bosque hasta el desierto, y sus escondites tienden a coincidir y reflejar su entorno (un basilisco que viva en el desierto podría ser de color canela o marrón, mientras que otro que viva en el bosque sería verde brillante). Se inclinan por establecer sus guaridas en cuevas, madrigueras excavadas, u otras áreas protegidas, a menudo marcadas por estatuas de gente y animales en poses vívidas (los restos petrificados de los desafortunados que se tropezaron con esta criatura).

Los basiliscos tienen la capacidad de consumir a las criaturas que petrifican, disolviéndolas con los ácidos de su estómago, y extrayendo nutrientes de la piedra, pero el proceso es lento e ineficiente, haciéndolos vagos y perezosos. Por tanto, los basiliscos raramente acechan a las presas o persiguen a los que evitan sus miradas, confiando en su sigilo y el factor sorpresa para mantenerse a salvo y alimentados. Cuando no están tumbados a la espera de los pequeños mamíferos, pájaros y reptiles que suelen formar sus dietas, los basiliscos pasan el tiempo durmiendo en sus guaridas, y los suficientemente valientes para capturarlos o para esconder tesoros cerca de ellos se dan cuenta de que son guardianes naturales.

Un basilisco adulto mide 13 pies (3,3 m) de longitud, la mitad ocupada por su larga cola, y pesa 300 libras (135 kg). Algunas variedades poseen pequeños cuernos curvados en el hocico, o pequeñas crestas de crecimientos óseos coronando su cabeza. Aunque normalmente son criaturas solitarias, que se reunen sólo para aparearse y poner

huevos, en zonas particularmente peligrosas pueden juntarse en pequeños grupos en busca de protección, y atacar a los intrusos en masa.

Por razones desconocidas, las comadrejas y los hurones son inmunes a la mirada del basilisco, y a veces se adentran en sus guaridas mientras los progenitores están cazando, para comerse a sus crías. Algunas leyendas sugieren que la sangre de un basilisco puede transmutar piedra en otros materiales, pero probablemente sea el caso de un testigo malinterpretando el restablecimiento mágico de criaturas o partes del cuerpo petrificadas anteriormente.

Rol

 

Sin rol.

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