Monstruo oxidante


Este monstruo insectoide posee cuatro patas, una extraña protuberancia en forma de hélice en el extremo de la cola, y dos antenas largas y con plumas.

VD

 

3

PX

 

800

Alineamiento, tamaño y tipo

 

Neutral, Mediana, Aberración.

Iniciativa y Sentidos

 

Iniciativa: +3.

Sentidos: Olfatear metales 90 pies (27 m), Visión en la oscuridad 60 pies (18 m).

Percepción: +12.

Defensa

 

CA

 

18, toque 13, desprevenido 15 (+3 Des, +5 natural).

Pg

 

27 (5d8+5).

Salvaciones

 

Fortaleza

 

+2

Reflejos

 

+4

Voluntad

 

+5

Ataque

 

Velocidad

 

40 pies (12 m), trepar 10 pies (3 m).

Cuerpo a cuerpo

 

Mordisco +6 (1d3), Antenas toque +6 (Oxidación).

Estadísticas

 

Características

 

Fue

 

10

Des

 

17

Con

 

13

Int

 

2

Sab

 

13

Car

 

8

Ataque base

 

+3

BMC

 

+3

DMC

 

16 (20 contra derribo)

Dotes

 

Habilidades

 

Ecología

 

Entorno

 

Cualquiera subterráneo.

Organización

 

Solitario, pareja o nido (3-10).

Tesoro

 

Casual (tesoro no metálico).

Aptitudes especiales

 

Olfatear metales (Ex)

[PZO1112]

Esta aptitud funciona como la de Olfato, excepto que el alcance es de 90 pies (27 m) y que el monstruo oxidante sólo puede usarlo para sentir objetos metálicos (incluyendo las criaturas que lleven puestos o porten objetos metálicos).

Oxidación (Sb)

[PZO1112]

Las antenas de un monstruo oxidante son un ataque de toque principal que provoca que cualquier objeto de metal que tocan se oxide rápidamente y se corroa. El objeto tocado sufre tanto daño como la mitad de sus pg máximos y pasa al estado Roto; un segundo golpe destruye el objeto. Un monstruo oxidante nunca provoca ataques de oportunidad al intentar golpear un arma con sus antenas. Contra las criaturas hechas de metal, las antenas causan 3d6+5 pg de daño. Tanto un objeto portado por una criatura como cualquier objeto mágico o criatura de metal pueden intentar una salvación de Reflejos CD 15 para negar este efecto. La CD de la salvación se basa en la Constitución.


De todas las bestias terroríficas con las que un explorador podría encontrarse bajo tierra, sólo el monstruo oxidante tiene como objetivo lo que cualquier aventurero más valora: su tesoro.

De 5 pies (1.5 m) de longitud y con un peso de casi 200 libras (90 kg), el monstruo oxidante, con su forma de langosta, sería lo suficientemente aterrador incluso sin el extraño proceso de alimentación que le da su nombre. Los monstruos oxidantes consumen objetos de metal, prefiriendo el hierro y las aleaciones ferrosas como el acero, pero devorando incluso el mithril, la adamantita, y los metales encantados con la misma facilidad. Cualquier metal tocado por las delicadas antenas o la acorazada piel del monstruo oxidante se corroe y se pulveriza en segundos, haciendo de la bestia una gran amenaza para los aventureros subterráneos, y para aquellos mineros enanos que deben defender sus forjas y competir por las menas.

Aunque los monstruos oxidantes no poseen una tendencia innata hacia la violencia, su insaciable apetito les impulsa a cargar contra cualquier cosa con la que se cruzan que tenga cantidades incluso mínimas de metal, y se enfrentan a cualquier resistencia con una ferocidad irracional. No es raro oír historias acerca de monstruos oxidantes presentes en áreas pobres en metal, que rastrean durante días a víctimas que huyen de ellos mediante su aptitud de olfatear metal, siempre y cuando las víctimas posean objetos metálicos intactos. Afortunadamente, a menudo es posible escapar de estas criaturas lanzándoles un objeto metálico grande como un escudo y corriendo en la dirección opuesta. Quienes frecuentan las zonas infestadas por monstruos oxidantes aprenden rápido a tener a mano algún arma de piedra o de madera.

Rol

 

Sin rol.

← Ver anterior: Momia

Ver siguiente: Morfópodo →